La Ley de Faltas: cuando la vara moral se guarda según quién gobierna

HUMOR, como CARNAVAL en el Teatro de Verano.
Pitica y sus Amigos29/01/2026 Por: PITICA
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Hay leyes que envejecen mal. Y hay otras que rejuvenecen mágicamente… cuando cambia el gobierno. La Ley de Faltas pertenece orgullosamente al segundo grupo: fue herejía autoritaria cuando alguien osó aplicarla en el gobierno anterior, pero hoy resulta ser una herramienta necesaria, sensible y hasta solidaria. Qué maravilla la elasticidad ideológica.

Conviene refrescar la memoria, porque en Uruguay la amnesia política es casi una política de Estado: la Ley de Faltas fue aprobada durante el gobierno de José Mujica. Sí, el mismo Mujica al que hoy se cita como reserva moral de la República. Pero claro, una cosa es votar una ley y otra muy distinta es que la apliquen otros. Ahí ya no gusta tanto.

Si lo hacen ellos, es represión. Si lo hacemos nosotros, es sensibilidad social

El Frente Amplio tiene una táctica tan probada como el mate amargo:
  Si lo hacen ellos, está muy mal.
  Si lo hacemos nosotros, está bien… y además es progresista.

Cuando en el gobierno anterior se intentó aplicar la Ley de Faltas, llovieron adjetivos: criminalización de la pobreza, mano dura disfrazada, Estado policial, casi que faltó acusar al Código Penal de neoliberal. Hoy, la misma ley vuelve al escenario y, milagro mediante, ya no es fascista: ahora es una herramienta de orden con enfoque humano. Aleluya.
Vivir en la calle no es un derecho (aunque algunos lo quieran convertir en bandera).

Digámoslo sin vueltas y sin miedo al escrache virtual: vivir en la calle no puede ser un derecho. No es digno, no es humano y no es progresista romantizar la intemperie, el cartón mojado y el invierno crudo como si fueran una elección libre y consciente.

Muchos de quienes hoy viven en la calle no están ahí por rebeldía filosófica, sino por adicciones, alcoholismo y problemas serios de salud mental. Defender que sigan allí, en nombre de una libertad mal entendida, no es empatía: es abandono con discurso bonito.

Aplicar la Ley de Faltas no es castigar la pobreza, es reconocer que hay personas que necesitan ayuda urgente, incluso cuando no están en condiciones de pedirla.

Ayudar también es poner límites (aunque no quede lindo en Twitter)

Poner límites no es de derecha, ni de izquierda: es de adultos.
Y ayudar no siempre es aplaudir todo ni mirar para otro lado.
Es hora de que el Estado diga: “Así no, pero te ayudo”.
Es hora de intervenir, de derivar, de tratar adicciones, de atender la salud mental.

Es hora de que la calle deje de ser el depósito final de todos los fracasos sociales mientras discutimos semántica en el Parlamento.
Porque, seamos sinceros: la calle no cura a nadie.
La droga no se combate con consignas.
Y el frío no se enfrenta con declaraciones de buenas intenciones.

Un aplauso (moderado) y una memoria activa

Así que sí: me parece bárbaro que se aplique la Ley de Faltas.
No como castigo, sino como puerta de entrada a la ayuda real.
Y ojalá esta vez no tengamos que fingir sorpresa cuando alguien recuerde que la ley… es de ustedes.
La coherencia no da votos, pero da tranquilidad.
Y la memoria, aunque moleste, sigue siendo un buen ejercicio democrático.

Firmado: Pitica
(con la misma ley, pero sin doble discurso)

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