Hoy no es un día más…

Actualidad23/09/2026Diario La NoticiaDiario La Noticia

Un 23 de septiembre de 1850, en la Quinta Ybyray, en Asunción del Paraguay, fallecía José Gervasio Artigas.

El Jefe de los Orientales, el Protector de los Pueblos Libres, el hombre que hizo de la libertad, la soberanía y la dignidad de los pueblos una bandera que trascendió su tiempo.
Lejos de su tierra, Artigas pasó sus últimos años en Paraguay. Primero, confinado en la lejana Villa de San Isidro Labrador de Curuguaty, donde se dedicó a cultivar la tierra. Allí construyó también una nueva etapa de su vida junto a Clara Gómez Alonso, su compañera hasta el final, con quien tuvo a su hijo Juan Simeón.
Más tarde, durante el gobierno de Carlos Antonio López, fue trasladado a Asunción. Allí encontró la tranquilidad de sus últimos años, rodeado del afecto y el respeto del pueblo paraguayo, en la Quinta Ybyray.

Y fue allí donde, a los 86 años,
cerró sus ojos para siempre.

Su despedida estuvo muy lejos de los honores que correspondían a quien había entregado su vida a una causa. Un sencillo carretón tirado por bueyes trasladó sus restos hasta el cementerio de la Recoleta. Lo acompañaron algunos vecinos, Benigno López y, fundamentalmente, su inseparable amigo y asistente Ansina.
El registro parroquial fue igualmente sencillo. Apenas dejó constancia de la muerte de un extranjero llamado Don José Artigas.

Pero aquel hombre que para los registros era apenas un extranjero, para los pueblos que conocieron su pensamiento y su lucha era mucho más.
Los paraguayos y guaraníes lo llamaban Karay Guazú, el Gran Señor.

Porque la grandeza de Artigas no estuvo en títulos, riquezas ni honores. Estuvo en sus ideas. En su defensa de los pueblos. En su convicción de que la libertad no podía ser patrimonio de unos pocos y en su visión de una patria construida desde la igualdad, la autonomía y la dignidad.

Artigas murió lejos de la Banda Oriental.

Pero nunca estuvo lejos de ella.

Su nombre quedó en los pueblos, en las escuelas, en las plazas, en las calles y, sobre todo, en la memoria de generaciones de orientales.

Hoy, 23 de septiembre, cuando recordamos el día de su partida, no alcanza con decir que murió Artigas.
Porque los hombres pueden morir.
Las ideas, cuando son verdaderamente grandes, permanecen.

Hoy no es un día más.

Hoy recordamos al hombre que eligió la dignidad antes que la comodidad, la libertad antes que el poder y los pueblos antes que su propio destino.

José Gervasio Artigas.
Padre de la Patria.
Jefe de los Orientales.
Protector de los Pueblos Libres.

A 176 años de su muerte,
su legado continúa vivo. 

¡Viva Artigas!

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