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title: "El pozo de odio artificial"
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date_published: "2026-07-29T10:41:00-03:00"
date_modified: "2026-07-29T10:42:03-03:00"
author_name: "Nelson Borges"
category_name: "Opinión"
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# El pozo de odio artificial

Vivimos en una época extraña.

Nunca fue tan fácil acceder a la información.  
Y, nunca pareció tan difícil detenerse a pensar.

Las redes sociales nos prometieron acercarnos, y terminan separándonos.   
No porque las personas sean necesariamente más violentas que antes, sino porque el enojo se volvió el combustible, lo que llama nuestra atención.

Hoy no hace falta convencer.   
Basta con indignar. Ofender, y obvio MENTIR. ¿No?

Un video de pocos segundos, una frase sacada de contexto o un titular diseñado para provocar es suficiente para que miles de personas tomen partido. Solo eso…

Ni siquiera se preguntan si lo que están viendo es verdad.   
Compartimos antes de verificar. Si es que se puede verificar una verdad modificada con IA, a la que recurrimos irresponsablemente.  
Ni entendemos, y atacamos desde el teclado del celular.

Juzgamos, condenamos, y cada vez escuchamos menos o nada. Es la sociedad…

Así nace la polarización. Artificial claro, planificada y orquestada, sin que nos demos cuenta.  
No es el resultado de un gran debate de ideas, sino como la consecuencia de millones de reacciones impulsivas.

El problema es que el odio rara vez piensa. O nunca, solo responde.  
Cuando dejamos que una opinión política, un cuadro de fútbol, una religión o cualquier otra diferencia se convierta en una identidad absoluta, dejamos de ver personas y empezamos a ver enemigos.   
Y cuando alguien deja de ser una persona para convertirse en “el otro”, insultarlo, burlarse de él o desearle el fracaso parece justificable.

Ese es el verdadero triunfo del odio.

No consiste en que todos pensemos igual, sino en que dejamos de escucharnos.  
Los algoritmos conocen esta debilidad.   
Saben que la calma genera poco movimiento y que la ira mantiene a las personas conectadas durante más tiempo. Por eso, muchas veces no nos muestran la realidad, sino aquello que más probabilidades tiene de hacernos reaccionar.  
El último mundial es el ejemplo perfecto, el mundo polarizado, con maquinaciones, opiniones, enfrentamientos que no deberían salir de lo que es una cancha de futbol. O odiamos o apoyamos, en este caso a una selección, que no es más que eso, una selección.   
Termina y los tipos se van al caribe tranqui, y nosotros acá, peleando…

Vivimos en una cámara de eco.

Solo escuchamos a quienes piensan como nosotros y cada opinión diferente parece y es una amenaza.

La inteligencia artificial agrega un desafío aún mayor. Hoy puede crear imágenes, audios y videos tan convincentes que muchas personas los creen sin cuestionarlos.   
La tecnología avanza más rápido que nuestra capacidad para verificar.

Pero el problema nunca será la inteligencia artificial.

Será la falta de pensamiento crítico.

Ningún algoritmo puede obligarnos a odiar. Ninguna red social puede impedirnos reflexionar. La decisión de detenernos unos minutos, buscar otra fuente, escuchar otra opinión y aceptar que podemos estar equivocados sigue siendo profundamente humana.

Quizás la mayor rebeldía de nuestro tiempo no sea gritar más fuerte.

Sea pensar un poco más despacio.  
Porque una sociedad no se destruye cuando aparecen las diferencias. Se debilita cuando deja de dialogar.

Y si permitimos que otros piensen por nosotros, el odio ya no será una emoción pasajera.  
Será una forma de vivir.

Nelson

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