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title: "Bullying."
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date_published: "2026-10-08T11:05:00-03:00"
date_modified: "2026-10-08T11:07:18-03:00"
author_name: "Dr. Daniel Volpi Avedutto"
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author_bio: "Dr. en Derecho, Docente del Pedro Figari de la ciudad de Artigas"
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category_name: "Opinión"
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# Bullying.

Se trata de uno de los flagelos de nuestra era. En mi època de escolar y liceal no conocí esa palabra. Surgiò y se puso de moda a fines de los años 90 en nuestro paìs. Muchos niños y adolescentes lo padecen en los centros educativos y otros lugares.  
Se define como una acción violenta, intencional y sostenida en el tiempo, de una persona o grupo de personas sobre otra que, por alguna razón, está en inferioridad de condiciones.

El cyberbullying o ciberacoso tiene las mismas características que el bullying, con la particularidad de que se lleva a cabo mediante algún tipo de plataforma digital o red social.  
Si bien el fenómeno es similar, el alcance del daño es mucho mayor, lo que agrava las consecuencias. En las dinámicas de cyberbullying puede ser difícil identificar al agresor y a veces resulta imposible reducir el hostigamiento; un claro ejemplo es cuando se viraliza un video. Arduo trabajo tiene la Policía de Delitos Informáticos.  
Lo que caracteriza a una dinámica de bullying es la persistencia. Esto significa que las agresiones son reiteradas y no episodios aislados.

En 1978 Dan Olweus (psicòlogo sueco) publicó su libro Agresiones en la Escuela, en donde se introduce en forma pionera el término Bullying para referirse a una forma particular de comportamiento agresivo por el cual un individuo genera, directa o indirectamente, dolor, miedo o injurias a otra persona que no puede fácilmente defenderse.  
La caracterización del Bullying como una agresión física y/o verbal, de carácter sistemático y entre individuos que tienen una relación desigual de poder, fue fundacional y permitió marcar una nueva área de producción sobre el sistema educativo.

Según el Dr. Diego Sempol, en el período que transcurre desde 2004 al presente se ha notado el impacto creciente del desarrollo tecnológico y de las comunicaciones en las formas del llamado cyberbullying, de modo que en el presente la mayoría de las formas de acoso escolar son perpetradas o experimentadas por fuera del ámbito escolar.

En ese sentido, en vez de existir una repetición sistemática en el acoso, lo que se produce en el cyberbullying es una suerte de “bola de nieve” que incrementa significativamente la audiencia volviendo mucho más complejo el rol de observador que en el bullying tradicional.  
A su vez, el perpetrador muchas veces no ve la reacción del afectado, y este ya no mejora su situación de status ante eventuales testigos. Y finalmente, es mucho más difícil frenar el cyberbullying que las formas de acoso tradicional, ante la ausencia de formas de control efectivas a nivel de las comunicaciones virtuales, lo que puede prolongar y agravar sus efectos por mucho más tiempo.

El bullying surge en grupos en los cuales la violencia, en sus distintas formas, está habilitada como manera posible de relacionarse. En ocasiones tiene causas complejas – niños, niñas y adolescentes que habitan en contextos de violencia-, pero otras veces simplemente se da por una desensibilización o acostumbramiento a ciertas formas de vínculo.

Se dice que ningún niño feliz es hostigador. Los hostigadores son personas o grupos que ejercen la violencia. Se trata de niños y adolescentes temidos, que logran pertenecer al grupo mediante una lógica de dominio y sumisión. Confían poco en otras formas de relación y si bien su intención es acosar, no siempre tienen claro el alcance del daño que causan. Se piensa en ellos como los culpables del bullying y a veces se cree que si huyen del lugar donde se producen los hechos el problema se solucionaría. Pero no es así, porque como el hostigamiento está asociado a las dinámicas de conviviencia, lo que sucede en la mayoría de los casos es que, cuando un hostigador desaparece, otro niño ocupa su lugar. La solución en una dinámica de bullying no siempre se encuentra aislando al hostigador.

Los hostigados son las personas que reciben el acoso. En la mayoría de los casos son personas con dificultades para integrarse, ya sea porque carecen de las habilidades necesarias o porque los grupos tienen fronteras rígidas que hacen difícil sumarse a ellos.  
Suelen ser niños o adolescentes que generalmente cuentan con pocas habilidades para defenderse y rápidamente se sienten intimidados y avergonzados. Además, los hostigados por o general no tienen un grupo de pertenencia y eso los hace más vulnerables.  
Ante la sospecha de una posible dinámica de bullying es fundamental la comunicación entre los adultos referentes – padres, madres, docentes, psicólogos, autoridades de la institución- para abordar la problemática de manera adecuada; es la única receta para combatir y erradicar ese flagelo.

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