“No se acostumbren a vivir con picazón”

Salud14/09/2026Silvia MiñoSilvia Miño

Dermatitis atópica: una enfermedad que va mucho más allá de la piel

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica que puede afectar el sueño, la autoestima, el rendimiento laboral o escolar y la vida cotidiana de toda una familia. En el marco del Día Mundial de la Dermatitis Atópica, que se conmemora cada 14 de setiembre, especialistas llaman a derribar mitos y advierten que convivir permanentemente con lesiones y picazón no debería considerarse normal.

La dermatitis atópica suele ser asociada simplemente con piel seca, irritación o alergias. Sin embargo, detrás de las lesiones visibles existe una enfermedad inflamatoria crónica que puede tener un impacto considerable sobre la calidad de vida.

En Uruguay, la Asociación Psoriasis Uruguay (APSUR), organización sin fines de lucro dedicada al acompañamiento de personas con enfermedades inflamatorias de la piel, junto a especialistas en dermatología, aprovecha una nueva conmemoración del Día Mundial de la Dermatitis Atópica para poner el foco en una realidad muchas veces ignorada: la enfermedad no termina en la piel.

La dermatitis atópica puede aparecer en forma de brotes y presentar períodos de mayor o menor intensidad. Pero cuando la picazón se vuelve persistente, el problema comienza a afectar otras dimensiones de la vida.

No es simplemente “piel seca”

La Dra. Agustina Acosta, médica dermatóloga, docente de la Cátedra de Dermatología de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República y presidenta de la Sociedad de Dermatología del Uruguay, destaca la importancia de comprender correctamente la enfermedad.

“No se trata simplemente de tener la piel seca o de una alergia a algo específico”, explica la especialista.

La dermatitis atópica debe entenderse como una enfermedad propia, relacionada con procesos inflamatorios y alteraciones de la barrera cutánea.

Esta diferencia es fundamental porque, cuando la enfermedad es minimizada, también puede retrasarse la consulta y el acceso a un tratamiento adecuado.


El círculo de la picazón

Uno de los síntomas más característicos de la dermatitis atópica es el prurito, es decir, la picazón.

Y no siempre se trata de una molestia pasajera.

En los casos más intensos puede instalarse un verdadero círculo difícil de interrumpir: picazón, rascado, inflamación y nuevamente picazón.

“El picor puede ser intenso y persistente, generando un círculo de picazón, rascado e inflamación que muchas veces interfiere con el sueño”, señala la Dra. Acosta.

La persona se rasca para intentar encontrar alivio, pero el rascado puede aumentar la irritación y favorecer nuevas lesiones.

Cuando esto sucede durante la noche, el descanso se ve seriamente comprometido.

Y dormir mal durante períodos prolongados termina teniendo consecuencias durante el día.


Cuando la enfermedad también afecta el sueño

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Uno de los aspectos menos visibles de la enfermedad es precisamente el que ocurre cuando las luces se apagan.

La persona puede acostarse cansada, pero la picazón impide conciliar el sueño o provoca despertares reiterados.

Al día siguiente aparecen el cansancio, la falta de concentración, la irritabilidad y una menor capacidad para desarrollar las actividades habituales.

En niños y adolescentes, las consecuencias pueden alcanzar también el rendimiento escolar.

En adultos, pueden repercutir en la actividad laboral y en las relaciones personales.

Por eso, hablar de dermatitis atópica únicamente como un problema dermatológico significa dejar afuera una parte importante de la realidad de quienes conviven con ella.


El impacto emocional y el peso del estigma

Las lesiones visibles pueden convertirse además en una fuente de inseguridad.

Una persona con brotes en zonas expuestas del cuerpo puede sentirse observada o incómoda frente a los demás.

A esto se suma uno de los mitos más frecuentes: pensar que la dermatitis atópica es contagiosa.

No lo es.

La enfermedad no se transmite por contacto físico.

Sin embargo, el desconocimiento puede generar distancia, comentarios o actitudes que terminan profundizando el impacto emocional.

La Dra. Acosta considera que hablar sobre la enfermedad también contribuye a combatir ese estigma.

Informar permite comprender que detrás de las lesiones existe una condición médica y no una falta de higiene ni un problema contagioso.


Una enfermedad frecuente en la infancia

La dermatitis atópica es especialmente frecuente durante la infancia.

De acuerdo con la información proporcionada por los especialistas, puede afectar aproximadamente al 20% de los niños, aunque su intensidad y evolución son variables.

En muchos casos los síntomas pueden mejorar con el tiempo, pero existen pacientes que continúan presentando manifestaciones durante la adolescencia y la edad adulta.

En adultos pueden aparecer formas más severas y difíciles de controlar, con un impacto considerable sobre la calidad de vida.

Por esa razón, cada paciente requiere una evaluación individual.


Del control de los brotes a la remisión

Uno de los principales cambios en el abordaje de la dermatitis atópica tiene que ver con los objetivos del tratamiento.

Durante muchos años, el enfoque estuvo centrado principalmente en controlar los brotes cuando aparecían.

Actualmente, la medicina busca algo más ambicioso: lograr un control sostenido de la enfermedad y alcanzar la remisión cuando sea posible.

“Actualmente somos mucho más ambiciosos y se habla de remisión”, explica Acosta.

El objetivo es que el paciente pueda mantener la piel limpia o casi limpia, con mínima o ninguna picazón, dormir adecuadamente y desarrollar su vida cotidiana con normalidad.

Este cambio de perspectiva resulta especialmente importante porque permite dejar atrás la idea de que una persona debe resignarse a convivir permanentemente con las molestias.


Nuevas herramientas para pacientes que antes no encontraban alivio

Los avances en el conocimiento del sistema inmunológico permitieron desarrollar tratamientos cada vez más dirigidos a los mecanismos que intervienen en la enfermedad.

Esto abrió nuevas posibilidades para pacientes que durante años no lograban controlar adecuadamente sus síntomas mediante los tratamientos disponibles.

La llamada medicina de precisión permite que los especialistas seleccionen estrategias terapéuticas considerando las características de cada persona y la gravedad de su enfermedad.

Pero la existencia de nuevas alternativas también implica una responsabilidad: los tratamientos deben utilizarse exactamente como fueron indicados.


No modificar el tratamiento por cuenta propia

Ante un nuevo brote, puede aparecer la tentación de aumentar una dosis, suspender un medicamento que parece no necesitarse o retomar por cuenta propia una terapia utilizada anteriormente.

Los especialistas desaconsejan estas prácticas.

“Cada tratamiento tiene una forma determinada de utilizarse. Modificar por cuenta propia las dosis o interrumpir un tratamiento puede disminuir la eficacia y generar efectos adversos”, advierte Acosta.

La recomendación es mantener una comunicación fluida con el profesional tratante.

La estrategia terapéutica debe adaptarse a la situación de cada paciente y, especialmente en enfermedades crónicas, puede requerir modificaciones a lo largo del tiempo.


El mensaje más importante: consultar

Quizás una de las principales dificultades sea que muchas personas terminan incorporando la enfermedad como parte de su vida cotidiana.

“Mi principal recomendación es que no se acostumbren a vivir con lesiones o picazón”, afirma la dermatóloga.

La frase resume uno de los principales objetivos de la campaña.

Dormir mal todas las noches no debería considerarse normal.

Tener picazón permanente no debería aceptarse como inevitable.

Vivir con lesiones que afectan la autoestima tampoco debería formar parte de una resignación.

Existen herramientas para tratar la dermatitis atópica y mejorar el bienestar de quienes la padecen.

Por eso, consultar a tiempo puede marcar una diferencia importante.


Una enfermedad que afecta a toda la familia

Cuando un niño tiene dermatitis atópica severa, por ejemplo, la enfermedad también puede modificar la rutina familiar.

Las noches interrumpidas afectan a padres y cuidadores. Las consultas médicas, los tratamientos y los cuidados diarios pueden incorporarse a la organización cotidiana del hogar.

En los adultos, la enfermedad puede repercutir en el trabajo, las relaciones sociales, el descanso y el bienestar emocional.

Por eso, mejorar el control de la dermatitis atópica no significa solamente conseguir una piel con menos lesiones.

Significa recuperar horas de sueño, tranquilidad, confianza y calidad de vida.


El papel de las asociaciones de pacientes

En este contexto, las organizaciones de pacientes cumplen un papel complementario al tratamiento médico.

Desde APSUR se trabaja para mejorar la calidad de vida de las personas con enfermedades inmunomediadas de la piel, ofreciendo espacios de acompañamiento, información y educación.

Las asociaciones pueden ayudar a que los pacientes comprendan mejor su enfermedad, conozcan sus opciones y encuentren un espacio donde compartir experiencias con otras personas que atraviesan situaciones similares.

La información también es una herramienta contra el estigma.

Cuando una enfermedad se conoce, disminuyen los prejuicios.


No resignarse

La dermatitis atópica puede ser crónica, pero eso no significa que una persona tenga que resignarse a sufrir sus síntomas permanentemente.

Los avances médicos ampliaron las posibilidades terapéuticas y cambiaron las expectativas de los pacientes.

El desafío ahora también es cultural: dejar de considerar normal aquello que puede y debe ser tratado.

La próxima vez que alguien diga que la dermatitis atópica es simplemente “piel seca”, conviene recordar que detrás de una lesión puede existir una enfermedad inflamatoria que afecta el sueño, el trabajo, los estudios, las relaciones y la vida familiar.

Por eso, el mensaje de los especialistas resulta contundente:

“No se acostumbren a vivir con picazón”.

Porque cuidar la piel es importante.

Pero recuperar el sueño, la tranquilidad, la autoestima y la posibilidad de vivir sin que una enfermedad marque cada momento del día es todavía más importante.

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