


Día Mundial de la Psoriasis: nuevos tratamientos permiten aspirar a una piel libre de lesiones.
Salud29/10/2026
Silvia MiñoEn Uruguay, entre 30.000 y 100.000 personas viven con esta enfermedad inflamatoria crónica. Los avances en terapias biológicas permiten alcanzar mejoras de hasta el 100 % de las lesiones en algunos pacientes, mientras especialistas y organizaciones reclaman actualizar la cobertura del Fondo Nacional de Recursos (FNR).
Con motivo del Día Mundial de la Psoriasis, que se conmemora cada 29 de octubre, especialistas en dermatología y representantes de pacientes ponen el foco en una nueva realidad: los avances científicos permiten aspirar a una piel libre de lesiones o con manifestaciones mínimas de la enfermedad. Sin embargo, el acceso a los tratamientos más innovadores continúa siendo un desafío para muchos pacientes en Uruguay.
Se estima que entre 30.000 y 100.000 personas padecen psoriasis en el país. A las manifestaciones físicas se suman el estigma social, las consecuencias emocionales y las dificultades para acceder de forma oportuna a terapias de última generación. En este contexto, médicos y pacientes plantean la necesidad de actualizar las coberturas del Fondo Nacional de Recursos (FNR), con el objetivo de facilitar el acceso a los tratamientos indicados sin depender de procesos judiciales de amparo.


Una enfermedad que va mucho más allá de la piel
La psoriasis suele confundirse con una afección cosmética o una simple alergia. Sin embargo, se trata de una enfermedad inflamatoria, crónica y no contagiosa, con una base genética y una participación central del sistema inmunológico. Factores como el estrés pueden actuar como desencadenantes o favorecer los brotes.
«Es un error creer que es una simple alergia. Es una enfermedad inflamatoria, crónica y sistémica, con una base genética y mediada por el sistema inmunológico», explica el Dr. Diego López, especialista en Dermatología, magíster en Ciencias Médicas y profesor adjunto grado 3 de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República.
La enfermedad puede provocar placas enrojecidas, descamación, picazón y dolor, síntomas que afectan el descanso y las actividades cotidianas. Pero su impacto no se limita a la superficie cutánea: también puede comprometer las articulaciones y asociarse con otras enfermedades.
«Uno de cada tres pacientes desarrolla artritis psoriásica, y es un factor de riesgo cardiovascular independiente. Por eso, los tratamientos sistémicos no solo limpian la piel, sino que podrían prevenir estos graves riesgos», señala López.
La psoriasis, por tanto, requiere un abordaje integral, que contemple tanto las lesiones visibles como las posibles complicaciones y el impacto de la enfermedad en la calidad de vida.
El impacto emocional y el riesgo de resignarse
La dimensión emocional es otro de los aspectos centrales. La visibilidad de las lesiones puede generar incomodidad, inseguridad y aislamiento, además de exponer a quienes padecen la enfermedad a prejuicios y estigmatización.
Para Gustavo Di Genio, presidente de la Asociación Psoriasis Uruguay (APSUR), uno de los principales problemas es que muchos pacientes terminan naturalizando los brotes y conviviendo durante años con síntomas que podrían mejorar con un tratamiento adecuado.
«Hay pacientes que se acostumbran a convivir con los brotes y a que su piel nunca esté bien, afectando su calidad de vida cotidiana. Pero esa resignación no es un fracaso del paciente, sino una señal de que hay que encausar la situación, tomar el control de la enfermedad y, naturalmente, reevaluar el tratamiento junto con el médico tratante», sostiene.
El mensaje de los especialistas es claro: vivir con psoriasis no significa resignarse a tener lesiones activas de manera permanente. Cuando los síntomas persisten o afectan la vida diaria, es importante volver a consultar al dermatólogo y evaluar las alternativas terapéuticas disponibles.
De una mejoría parcial a la posibilidad de una piel casi sin lesiones
Durante años, los objetivos terapéuticos se centraron en reducir las lesiones hasta en un 75 %, un resultado que representaba una mejoría significativa, aunque no siempre suficiente para el paciente.
Los avances en los tratamientos biológicos modificaron ese horizonte. Actualmente, las estrategias terapéuticas buscan alcanzar respuestas más profundas y sostenidas, con reducciones del 90 % o incluso la desaparición completa de las lesiones en algunos casos.
«Con los nuevos biológicos, las guías internacionales dicen que podemos lograr mejorías del 90 % o a veces de hasta el 100 % de las lesiones —lo que los dermatólogos llamamos PASI 90 o PASI 100—», explica López.
El PASI es una herramienta clínica utilizada para evaluar la gravedad de la psoriasis y medir la respuesta al tratamiento. Alcanzar un PASI 90 implica una reducción del 90 % en la puntuación inicial de la enfermedad, mientras que un PASI 100 representa la desaparición de las manifestaciones evaluadas por esta escala.
Además de la eficacia, las nuevas alternativas pueden ofrecer mayor comodidad en su administración. «Se administran cada uno o hasta cada tres meses, lo cual es mucho más cómodo que andar dándose una inyección cada semana», agrega el especialista.
Estos avances permiten plantear objetivos terapéuticos más ambiciosos y adaptar las decisiones médicas a las necesidades de cada persona. No obstante, la respuesta depende del paciente, del tratamiento indicado y de la evaluación clínica, por lo que los resultados no son iguales en todos los casos.
El acceso a las terapias innovadoras, una deuda pendiente
Mientras la investigación científica amplía las posibilidades de tratamiento, el acceso a esas alternativas constituye uno de los principales desafíos del sistema de salud uruguayo.
Según López, la cobertura del Fondo Nacional de Recursos para la psoriasis se concentra actualmente en un medicamento de un mecanismo de acción más antiguo, incorporado hace aproximadamente siete años. Cuando un paciente no responde adecuadamente a esa opción, las alternativas financiadas resultan limitadas.
«Cuando los pacientes fallan a ese tratamiento, no tenemos otra opción en el fondo. Esto nos obliga a ir a juicios de amparo para conseguir los tratamientos más novedosos», afirma el dermatólogo.
Esta situación coloca a los pacientes ante un recorrido que puede incluir trámites administrativos, asesoramiento legal y procesos judiciales para acceder a una terapia que su médico considera necesaria. La demora no es un asunto meramente burocrático: significa prolongar la convivencia con lesiones, molestias y limitaciones que afectan la vida cotidiana.
Desde APSUR advierten que los tiempos de espera tienen consecuencias directas sobre el bienestar de quienes padecen la enfermedad.
«La espera, los trámites, los procesos se traducen en tiempo con afectación en la calidad de vida de cientos de pacientes. Por eso hacemos un llamado a las autoridades y, especialmente, al FNR, para que la actualización de estas coberturas sea una prioridad de salud pública», subraya Di Genio.
El planteo apunta a adecuar la cobertura a la evolución del conocimiento médico, de modo que el acceso a las terapias indicadas dependa de criterios clínicos y mecanismos de financiación oportunos, y no de la necesidad de iniciar acciones judiciales.
Consultar, reevaluar y no conformarse
En el marco del Día Mundial de la Psoriasis, los especialistas y las organizaciones de pacientes insisten en la importancia de reconocer la enfermedad, evitar la automedicación y mantener un seguimiento dermatológico regular.
Cuando un tratamiento deja de ofrecer los resultados esperados, los síntomas persisten o la enfermedad continúa afectando el descanso, el trabajo, las relaciones sociales o el bienestar emocional, corresponde revisar la estrategia terapéutica con el médico tratante.
«Si al paciente le sigue afectando su calidad de vida, lo importante es que no se resigne y vuelva a consultar a su dermatólogo. Así como un hipertenso toma su medicación y hace una vida normal, hoy hay tratamientos para lograr una piel limpia», afirma López.
Di Genio coincide en que la información y la consulta oportuna son fundamentales para evitar que los pacientes acepten como inevitable una situación que podría mejorar.
«Nuestro mensaje es de esperanza: no se conformen. Si su tratamiento actual no es el adecuado o los mantiene “más o menos bien”, volver a la consulta dermatológica a pedir una reevaluación no es una exageración, es un derecho», concluye el presidente de APSUR.
La conmemoración del 29 de octubre vuelve a poner sobre la mesa una doble necesidad: continuar avanzando en el abordaje integral de la psoriasis y garantizar que los beneficios de la innovación científica puedan llegar a quienes los necesitan. Para los pacientes, la meta ya no es solamente reducir las lesiones, sino recuperar calidad de vida. Para el sistema de salud, el desafío es acompañar ese cambio de paradigma con respuestas oportunas y una cobertura acorde con las posibilidades de la medicina actual.







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