La macumba de Carnaval. Ser libre para creer sin afectar al otro

Opinión23/02/2026 Nelson Borges
PROFESOR BORGES
PROFESOR BORGES

Nadie pero nadie, más que el boca a boca de la previa de un desfile de carnaval, pues esto en estas épocas de febrero tiene muchas muchas reacciones.

Yo soy de los que piensa que cada uno puede creer lo que le pinte, en Dios, en Buda, en la Virgen de los Treinta y Tres, en nada o en que el universo es una simulación. 
Me parece bárbaro. Mientras no se me imponga a mí ni a nadie una fe, o la falta de fe), pueden hacer lo que quieran.

Y sin trampas de laicidad, yo soy creyente.
Creé en lo que te dé la gana, rezá, no rezás, bailá en tu casa con una Biblia o con un cartel que diga “Dios no existe”. Todo bien. 

Incluso comienza un desfile con la bendición de tu deidad.
Y acá es donde muchos se rasgan las vestiduras.
Si tu creencia no molesta a nadie, ya está…. Pero si empieza a pisar la libertad, la dignidad o la seguridad del vecino, ahí paramos. Punto.

Y miremos cómo comienza el mundo en 2026, de acuerdo al Informe de Libertad Religiosa.
Mas de 5.400 millones de personas viven en países donde te pueden meter preso, echar del país o peor por creer distinto.

Mejor no hablamos del estado de la libertad religiosa en centro América o Asia.

Acá en Uruguay, gracias a Dios (o a quien sea), la cosa es distinta. 
Tenemos un laicismo sano, de los buenos: el Estado no te banca ni te persigue por lo que creas.Podés ser ateo militante, evangélico que predica en la calle, musulmán ahmadí que hace su Jalsa Salana o católico que va a misa los domingos.

Nadie te molesta. Y eso es un lujo que no valoramos lo suficiente, porque en otros lados la gente se juega la vida por tener lo que nosotros tenemos de yapa.

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