
En el día de ayer 24 de Junio (aniversario de La Noticia) hubo un evento muy especial. Se realizó en el Museo Histórico Departamental con la presencia del Director de Cultura Javier Bertalot, estudiantes, invitados especiales y público en general. Entre los invitados especiales estuvo don Roberto Monzón, quien era un funcionario del aeropuerto y vivió en carne propia toda una desgracia ayudando a recomponer los cuerpos quemados y carbonizados de las víctimas de una tragedia.
Se tratò de la presentación del libro “Aquel Humo Negro”, de la autoría del Lic. Emerson de los Santos. Se trata de una obra inèdita donde hace un abordaje profundo y de alto nivel sobre la mayor tragedia aérea de la Aviación uruguaya.
Emerson es un hombre dotado de mucho Coraje, con mayúscula. Tras 48 años hizo lo que ningún ciudadano se animó hacerlo. Fíjense cuánto se ha escrito de la tragedia de los Andes, allá en territorio chileno; que sin dudas fue terrible porque de 45 personas que viajaban en aquel avión fallecieron 29, pero que conste que eran todas personas mayores de edad. En éste caso de Artigas, en la tragedia del Chiflero fallecieron las 44 personas que viajaban en aquel avión y que conste que viajaban niños; una de las víctimas es un bebé; de esa terrible tragedia que no dejó a ningún sobreviviente nadie ha escrito; hasta que llegó Emerson de los Santos y se animó a investigar, escribir y publicar. Sí, esas 3 tareas bien separadas y diferenciadas hizo él.
Soy testigo de ese tan sacrificado trabajo. A comienzos de este año recibí llamadas de Emerson buscando testimonios de moradores de la Colonia Rivera y el Chiflero. Y encontró varios testimonios de personas que han sido testigos de esa tragedia, y de ahí seleccionó la mejor, la que sin dudas es la de Silvia Zanetti Fadigatti quien era una niña aquel 10 de febrero de 1978 y recuerda como si fuera el dìa de hoy los movimientos del avión por arriba de su casa rozando los árboles y que se estrelló a menos de 300 metros de ella.

Pero el libro no contiene solamente testimonios de vivencias; no contiene solamente prueba testimonial; su contenido es muy rico de prueba documental. Los documentos se dan a conocer tras 48 años de oscurantismo. Como bien dije: la primer tarea fue la Investigación, para ello Emerson buscò contactos en la Fuerza Aérea Uruguaya que le aportó datos de toda la tripulación y de todos los pasajeros con nombres y apellidos; planos del lugar, fotografías oficiales sacadas del avión en llamas y después de apagado, e informes varios sacados de los archivos de la FAU.
Entre los informes incluidos en ese libro se encuentra el realizado por el Tte. Cnel. Ego Correa Luna, responsable por la Investigación del accidente. Se encuentra en la pàgina 131. En su primer pàrrafo con textuales palabras dice:
“El accidente aéreo del 10 de febrero de 1978 en Artigas, protagonizado por un avión Douglas C – 47 A (CX- BJH) de la Fuerza Aérea Uruguaya (operado por TAMU), es considerado la mayor tragedia de la aviación civil y militar en la historia de Uruguay”.
Lo dice en 1978 en su pormenorizado informe. Algunos lectores dirán que seguidamente hubo otros. Con aviones uruguayos no, ni antes ni después.
La historia nos dice que el 9 de Enero de 1938 un avión argentino se estrelló en el paraje Itacumbù, a pocos kilòmetros del pueblo Tomàs Gomensoro. No viajaba ningún uruguayo. Y podemos ver en aquella localidad un hermoso monumento, una obra farahónica de hormigón y mármol construida por el gobierno argentino en un terreno cedido por los uruguayos. Esa obra es un memorial que recuerda a todos los fallecidos en esa tragedia; allì están grabados sus nombres.
Después de 1978 en el Uruguay tuvimos la tragedia del Austral Líneas Aéreas. Ocurrió el día 10 de Octubre de 1997 en el departamento de Rio Negro, a pocos kilómetros de la ciudad de Fray Bentos. También era argentino y en èl no viajaban uruguayos.
La Tragedia aérea del Chiflero habìa pasado al olvido. Tanto es así que ni siquiera existe allì un monolito con algunas palabras recordatorias. Existe por allì una cruz que no está en el preciso lugar donde ocurrió la tragedia; y en el aeropuerto local, a pocos metros del lugar existe una pequeña placa recordatoria que fue colocada en 1998 por el entonces Intendente Luis E. Juan. Nada más.
Emerson con esta gran obra ha sacado del olvido a la mayor tragedia aérea nacional y de esta forma ha honrado a todos los familiares, amigos y descendientes de las 44 víctimas.
Me quedo corto en la valoración de esta obra sin precedentes en el Uruguay y recomiendo a todos los lectores a adquirirla. Vale la pena leerla y tenerla como un tesoro que se debe trasmitir de generación en generación.





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