La ideología no te define como persona

Opinión02/03/2026 Nelson Borges

Las ideas políticas devoran gente. 

No me refiero puntualmente a debates sanos o convicciones profundas.
Hablo de la transformación sutil, imperceptible, en la que una ideología, sea cual sea, sea de extrema derecha o de ultra izquierda, se apodera de la personalidad de alguien y se convierte en gran parte derecha su día a día.


Todos creo que en algún momento estuvimos ahí, mirando ese abismo, y no está bueno ser maleable, manipulable.
Es un riesgo, que está ahí, cuando la persona se sumerge en las ideas políticas sin participar directamente de las decisiones, pero actúa como si así fuera, defendiendo ideas incluso cuando va a comprar la galleta.
Que si Cardama, que si los pasaportes, que si viajo o no a China o Estados Unidos.


Está bien cuestionar, participar, ser crítico, pero el peligro es cuando se vuelve parte de ti mismo/a y lleva a definir las pequeñas decisiones del día a dia, o a pelear con señoras/es en Facebook.
No hay que tener etiquetas, hay que tener pensamiento crítico para todos los lados, lo que está bien y lo que se hace mal, pues quienes están en el gobierno son tan humanos como vos y yo.

 
Pensa en el individuo promedio, el de a pie, con la diaria, alguien con sueños, miedos, amores y odios cotidianos. 
De repente, se topa con un discurso que resuena en sus frustraciones y enojos, y los refleja en el que tiene en frente como responsable de sus decisiones.


Si es de izquierda, quizás sea el clamor por justicia social, la lucha contra la desigualdad, el rechazo al sistema capitalista.
Si es de derecha, podría ser el llamado a la tradición, la defensa de la libertad individual, el temor a que el Estado se meta en todo. 


Ambos lados del puente prometen respuestas simples a problemas complejos, que no siempre se han solucionado, porque no es soplar y hacer botella, y para ese/a que es manipulable, quien busca pertenencia o certeza en un mundo en llamas, es como encontrar un salvavidas, una verdad absoluta.
Pero aquí viene la manipulación, no es solo adoptar ideas; es internalizarlas hasta que se conviertan en tu esencia. Y no, no debería pasar, porque lleva al odio, al rechazo.


He conocido amigos que, de un día para otro, cambian su forma de hablar, de vestir, incluso de reír. 
Un izquierdista radical empieza a ver conspiraciones capitalistas en cada esquina, y su empatía se limita solo a "los oprimidos" que encajan en su narrativa. 


Un derechista extremo, por su lado, desconfía de cualquier intervención social, etiquetando como "comunista" a quien sugiera un impuesto progresivo. 
La ideología no pregunta por tu historia personal, te la reescribe.
Es una erosión lenta y calculada de vos, de la persona.

Y no, no discrimina bandos.
Derecha o izquierda, el mecanismo es el mismo, te ofrecen una identidad prefabricada. 
En redes sociales, en mítines, en libros o podcasts, te bombardean con mensajes que refuerzan que "tú eres esto" porque crees esto.


Y para el manipulable, que carece de un sentido fuerte de sí mismo, esto se convierte en el núcleo de su ser. 
Ya no eres Juan, el padre de familia que ama el fútbol y cocina los domingos. Sos “el progresista" o "el conservador", y todo lo demás orbita alrededor de eso. 


No SOS eso, sos una persona con ideas, que no tienen porque definir tu personalidad, deben hacer parte de ella.
Pd: Deja de pelear con señoras/es en Facebook 

Un abrazo 
Nelson

Borges1
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