

Las palabras de la vicepresidenta Carolina Cosse durante un acto del Frente Amplio en el teatro El Galpón marcaron un tono diferente dentro del oficialismo. Ante los planteos y reclamos provenientes de las bases, Cosse reconoció que la autocrítica también debe mirar hacia adentro.
“No todos los problemas vienen de afuera, ni vienen de quienes nos enfrentan. No todos los problemas vienen de quienes piensan distinto a nosotros”, afirmó.
La vicepresidenta sostuvo que el principal desafío del Frente Amplio no debe estar centrado en sus adversarios políticos, sino en la realidad social del país. En ese sentido, señaló que deben doler “los miles y miles de desamparados”, así como la pobreza y la existencia de hogares que todavía viven en esa situación.


“Nuestro único adversario es la dura realidad”, enfatizó.
El planteo adquiere especial relevancia en momentos en que el Frente Amplio enfrenta el desafío de transformar sus compromisos electorales en respuestas concretas a las demandas sociales. La autocrítica expresada por Cosse también recoge una inquietud que viene apareciendo desde las propias estructuras partidarias: la necesidad de revisar decisiones, prioridades y formas de gestión.
Durante su intervención, Cosse también destacó el acuerdo alcanzado con Cabildo Abierto para posibilitar la aprobación de la Rendición de Cuentas. Para la vicepresidenta, ese entendimiento parlamentario debe ser entendido como una herramienta para comenzar a atender problemas concretos de la sociedad.
“Una sociedad que niega ese presente es una sociedad que está condenada a tener el peor futuro”, afirmó.
Su mensaje volvió a colocar sobre la mesa una de las banderas históricas de la izquierda: que quienes se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad deben ocupar un lugar prioritario en las políticas públicas.
La frase “los más infelices tienen que ser los más privilegiados” sintetizó esa mirada y, al mismo tiempo, planteó una exigencia al propio gobierno: que las decisiones políticas se traduzcan en mejoras perceptibles para quienes enfrentan mayores dificultades.
La autocrítica de Cosse abre así una discusión que trasciende al Frente Amplio. Gobernar implica asumir que no todos los problemas pueden explicarse por las decisiones de los adversarios, por la herencia recibida o por factores externos. También exige reconocer errores, escuchar las críticas y corregir el rumbo cuando la realidad demuestra que determinadas respuestas no son suficientes.
En definitiva, el desafío planteado por la vicepresidenta es tan político como social: mirar hacia afuera para conocer los problemas del país, pero también mirar hacia adentro para reconocer qué se está haciendo bien, qué falta y qué debe cambiar.




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