​El dilema de la renuncia: la adicción como un duelo inevitable antes de la reconstrucción

Opinión01/10/2026Mario Viola JiménezMario Viola Jiménez

​En los grupos de apoyo y centros de rehabilitación para la dependencia química, las palabras no suelen adornarse con eufemismos. Frente a una ronda de sillas y rostros atravesados por la misma experiencia, la adicción se despoja de su estigma para mostrar su verdadero rostro: el de una enfermedad de apego, hábito y destrucción progresiva.

​Existen testimonios compartidos en espacios de apoyo a la adicción que ponen sobre la mesa una premisa incómoda pero fundamental para la medicina conductual y la psicología clínica: la recuperación no es solo un acto de voluntad para dejar una sustancia, sino un proceso de duelo severo por la vida y las rutinas que se construyeron en torno a ella.

​La paradoja de «dejar ir»

​Para el paciente dependiente, la sustancia o la conducta adictiva no funciona únicamente como un elemento nocivo; durante años ha operado como un mecanismo de defensa, un anestésico emocional o el único ancla social conocido. Por ello, cuando en las reuniones de apoyo se habla de “recomenzar”, el discurso choca con el vértigo del vacío.
​“Recomeçar é abraçar o novo, mas isso exige deixar algo para tras.” 
(Recomenzar es abrazar lo nuevo, pero exige dejar algo atrás).

​Desde una perspectiva personal y sociológica (sin querer asumir el rol de profesional), este dilema expone la mayor barrera en el tratamiento de las adicciones: la renuncia. El individuo no solo debe abandonar el consumo, sino que debe despedirse de vínculos, entornos, identidades construidas y esquemas de gratificación inmediata. Es una pérdida deliberada de lo conocido —por dañino que sea— a cambio de la incertidumbre que representa una vida sobria.

​De la compulsión a la elección: el peso de la valentía

​La literatura médica define la adicción como una enfermedad crónica del cerebro que afecta los circuitos de recompensa, motivación y memoria. Sin embargo, en el terreno de la práctica humana y la convivencia comunitaria, la enfermedad se manifiesta como una pérdida sistemática del poder de decisión.
​El monólogo compartido en el entorno terapéutico rescata el valor del acto consciente. Renunciar no es un proceso pasivo; exige una valentía diaria para sostener decisiones incómodas.

En la dinámica de la rehabilitación:

​. La ruptura con el entorno de consumo: Dejar atrás relaciones o lugares que alimentaban el hábito.
​. La tolerancia al dolor emocional: Enfrentar la ansiedad, la culpa y la frustración sin el recurso del anestésico.
​. La reconstrucción de la identidad: Aceptar que la versión de uno mismo moldeada por la dependencia debe morir para dar paso a un nuevo proyecto de vida.
​. Un enfoque necesario para la salud pública

​Históricamente, los abordajes sobre las adicciones han oscilado entre la criminalización y el paternalismo. Sin embargo, testimonios como los recogidos en las reuniones subrayan la importancia de los enfoques basados en la responsabilidad comunitaria y la salud mental.

​Reconocer que cada renuncia abre espacio a una transformación real no minimiza la gravedad de la patología; por el contrario, coloca la rehabilitación en su justo lugar: un proceso arduo, de largo plazo y profundamente ético donde la persona reaprende a habitar su propia realidad.
​El mensaje que dejan los testimonios resuenan más allá de las paredes del grupo de apoyo: la recuperación de las adicciones no empieza cuando la sustancia sale del cuerpo, sino cuando el individuo reúne el valor de soltar el pasado para empezar a elegir su futuro.
Si usted o un familiar o un amigo necesita ayuda, REUNIONES DE NARCÓTICOS ANÓNIMOS:

Grupo Querer Vivir: martes, miércoles, viernes y sábados, 19 a 20 y 30 horas, Treinta y Tres casi Diego Lamas.
Grupo Primera Tradición: lunes, jueves y domingos 19 a 20 y 30 horas, Capilla San Miguel (frente al Liceo 2).

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