
Laguna Garzón: donde el turismo, la pesca y la alta cocina escriben una nueva postal del Atlántico
Pura Vida28/11/2025
Luis A. de Menezes
Entre Rocha y Maldonado, la Laguna Garzón vive un crecimiento singular que combina naturaleza protegida, pesca artesanal, gastronomía de kilómetro cero y una hotelería sustentable que redefine la experiencia costera. Un territorio donde el puente circular marcó un antes y un después y donde cada temporada se afianza un modelo turístico que busca desarrollarse sin perder la esencia ni el equilibrio ambiental.
Un territorio que se reinventa sin perder su esencia
La Laguna Garzón y su entorno inmediato, ubicada en el límite entre los departamentos de Rocha y Maldonado, atraviesa desde hace algunos años un proceso de transformación que la posiciona como uno de los destinos más singulares del litoral atlántico uruguayo. Con un paisaje donde la naturaleza aún impone sus tiempos y donde la intervención humana es medida, la zona logró convertirse en un espacio donde conviven el turismo de alto impacto visual, la pesca artesanal, la gastronomía de kilómetro cero y una hotelería cada vez más orientada a la sostenibilidad.


Un puente icónico que abrió un nuevo capítulo

La construcción del famoso puente circular —inaugurado en 2015— cambió para siempre la dinámica del lugar. No solo transformó a la laguna en un atractivo turístico por sí misma, sino que generó un flujo constante de visitantes que antes era estacional y limitado. Desde su apertura, el número de turistas que cruza entre Rocha y Maldonado aumentó de forma sostenida, y con ello se multiplicaron pequeños emprendimientos familiares, hosterías, paradores, escuelas de deportes náuticos y servicios vinculados a la conservación del área natural protegida.
El puente no solo ordenó el tránsito: se volvió un símbolo visual del turismo nacional e internacional. Durante todo el año, fotógrafos, cicloturistas y viajeros que recorren la costa atlántica incluyen una parada obligatoria en su recorrido para apreciar el diseño circular que, de algún modo, dialoga con la propia geometría de la laguna.
Una reserva natural que exige equilibrio

Laguna Garzón integra el Sistema Nacional de Áreas Protegidas, y esa condición determina un desarrollo turístico cuidadosamente regulado. Allí se observa una de las tensiones claves del territorio: cómo promover actividad económica sin afectar un ecosistema frágil, hogar de más de 180 especies de aves, peces autóctonos, dunas móviles y un delicado equilibrio de salinidad que depende de la barra natural que separa la laguna del océano.
Organizaciones ambientalistas, pescadores locales y operadores turísticos coinciden en que el valor del lugar radica justamente en la preservación de ese ambiente. Por eso, la hotelería que se ha instalado en los últimos años tiene una impronta distinta: construcciones livianas, energías alternativas, materiales nobles y propuestas que integran la experiencia natural como parte del servicio. Pequeños domos, hosterías bajas, hoteles boutique y cabañas ecológicas son las nuevas formas de alojamiento que buscan captar a un turista que prioriza la desconexión y el contacto directo con el entorno.
La pesca artesanal: un oficio que resiste y se adapta

La pesca en Laguna Garzón es tan antigua como las propias comunidades que habitaron la zona. Durante décadas fue la principal fuente de sustento para familias enteras, y aún hoy conserva su importancia cultural y económica. Pescadores artesanales continúan saliendo cada mañana a la laguna y al mar cercano en busca de corvina, brótola, pejerrey, lenguado, camarón y otras especies que encuentran en estas aguas un hábitat ideal.
Sin embargo, la presión turística llevó a redefinir prácticas y zonas permitidas, con regulaciones estrictas para proteger ciclos reproductivos y evitar la sobreexplotación. Muchos pescadores se volcaron a proyectos de pesca responsable y otros combinan el oficio tradicional con actividades turísticas: paseos embarcados, experiencias para visitantes y provisión directa a restaurantes de la zona.
Este vínculo directo entre pescadores y gastronomía local hoy es uno de los mayores atractivos: el viajero sabe que la pesca que llega a su plato fue obtenida horas antes, sin intermediarios y con técnicas sostenibles.
Una gastronomía que abraza el territorio

La gastronomía en la zona de Laguna Garzón vive una etapa de esplendor. Restaurantes, paradores y cocinas de autor han encontrado en el paisaje y en la pesca artesanal una fuente de inspiración. Platos elaborados con productos locales —pescados frescos, hierbas nativas, vegetales de huertas cercanas y panes caseros— forman parte del menú de casi todos los establecimientos.
El concepto de kilómetro cero es más que una tendencia: es la base de una identidad culinaria que se reafirma cada verano y que cada vez atrae más al turismo internacional. Chefs emergentes y otros consolidados apuestan por cocinas abiertas al océano, parrillas marinas, fusiones con técnicas contemporáneas y propuestas que reinterpretan la tradición costera.
Además, han surgido experiencias gastronómicas íntimas, como cenas privadas en domos ecológicos, degustaciones al atardecer en la orilla de la laguna y eventos de cocina en vivo con pescadores y cocineros locales.
Hotelería: simplicidad, diseño y naturaleza

A diferencia de otras zonas costeras donde predominan grandes complejos, la hotelería de Laguna Garzón se caracteriza por la escala humana y la integración al paisaje. Varios proyectos replican la lógica de sustentabilidad: uso medido de agua, energía solar, estructuras elevadas para no interferir con la duna, senderos guiados y programas educativos sobre fauna y flora.
El objetivo no es masificar, sino curar la experiencia: menos huéspedes, más contacto con la naturaleza, mayor silencio, noches estrelladas y servicios personalizados.
Para los emprendedores locales, este modelo los diferencia del resto del país y fortalece un turismo de cuatro estaciones, no solo centrado en el verano.

Un destino en crecimiento que busca no perder su alma

El desafío para los próximos años está claro: permitir que el turismo, la gastronomía y la hotelería sigan creciendo, pero siempre respetando el carácter único de la laguna. Autoridades, vecinos, inversores y ambientalistas saben que cualquier exceso podría afectar de forma irreversible el ecosistema.
Laguna Garzón es, hoy, un territorio donde se juega una de las discusiones más importantes del país: ¿es posible desarrollar actividad económica sin renunciar a la naturaleza? La respuesta, hasta ahora, ha sido un “sí” prudente, que se revisa, ajusta y negocia cada día.
Lo que no cambia es la esencia del lugar: un paisaje donde el viento escribe en las dunas, los pescadores continúan marcando el ritmo de la mañana y la gastronomía recoge la memoria del mar para transformarla en un nuevo capítulo de la cocina uruguaya. Un rincón del país que invita a volver, detenerse y comprender que el lujo más auténtico, a veces, es simplemente conservar.



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