
El pasado martes 16 se conmemoró 1 año más del regreso de Wilson Ferreira Aldunate al Uruguay tras 11 años de exilio. Hace 42 años.
El Partido Nacional realizó una serie de homenajes al Caudillo ante tal significativa fecha. En uno de sus anuncios dice de forma textual: “Su compromiso con la libertad, la democracia y la defensa de las instituciones lo convirtió en una voz fundamental durante los años más difíciles del país”.
Muy lindas esas palabras. Pero tenemos que mirar hoy por hoy quienes son sus seguidores en serio; me refiero a quienes realmente acatan y practican su legado; porque realmente Wilson ha dejado un legado a los blancos.
Cuando él falleció yo contaba con 10 años. En mi niñez junto a mis padres y abuelos estuve participando de varios eventos con la presencia del Caudillo. Recuerdo una caravana kilométrica cuando visitó nuestra ciudad en octubre de 1986, donde Wilson baja de una avioneta y sube en el auto del entonces diputado Ruben Escajal y encabeza la caravana multitudinaria en horas de la mañana; después por la tarde estuvo en la expo feria ganadera de la Asociación Agropecuaria y termina la jornada con un acto multitudinario en la esquina de la Plaza Artigas con la compañía de su hijo Juan Raúl y de Alberto Zumarán.
Mucho se ha escrito sobre Wilson; hay muchos libros sobre su obra y muchos autores que escriben desde sus puntos de vista y allí encontramos juicios críticos muy variados. Pasan los años y siguen apareciendo libros sobre la obra del último caudillo blanco.
Hoy muchos se presentan como herederos de Wilson. Quieren parecerse a él, usan su imagen, hablan como él y dicen ser Wilsonistas. Pero no es así nomás. La verdadera medida del wilsonismo no está en los discursos ni en los cartelitos; está en la conducta, en los principios y en la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

Wilson mientras estuvo en actividad política denunció y luchó contra la corrupción en todos sus términos. Sí, sin dudas. Por eso los corruptos le tuvieron tanto miedo. Para citar un ejemplo menciono las denuncias al entonces Ministro de Industria pachequista Jorge Peirano Facio y su posterior interpelación junto a Carlos Julio Pereira (compañero de fórmula presidencial en 1971) y lo hizo caer. Fíjense que mencionado ministro es el padre de los Peirano que cometieron aquellos actos de corrupción históricos en 2002 cerrando el Banco Montevideo y llevándose los dineros de los ahorristas a bancos del exterior.
Quienes recuerdan la crisis del 2002 recordarán que el Grupo Peirano desvió cientos de millones de dólares a las Islas Caimán. Esos muchachos delincuentes de cuello blanco miembros del Grupo Peirano son hijos de aquél señor pachequista; fueron todos procesados con prisión, incluso uno de ellos fue extraditado desde Estados Unidos. Son herederos del padre, combatido por Wilson en virtud de cometer actos de corrupción.
Wilson en el Parlamento ocupó un lugar parecido a un Fiscal; cuando detectaba irregularidades en el Gobierno (colorado) interpelaba a los Ministros de la cartera correspondiente y con vehemencia los hacía caer. Por eso ese caudillo era tan odiado por los colorados.
Wilson llegó a decir que el Partido Nacional surgió para defensa de nuestra Patria, de las libertades, de los derechos humanos, tal como lo decía también Aparicio Saravia; y que el Partido Colorado era la colectividad política que siempre buscó el poder y perpetuarse en el poder como sea. Decía que se podía ser Blanco, se podìa ser Colorado, pero imposible ser las 2 cosas.
Hoy veo a correligionarios blancos juntarse con colorados para sumar votos con las intenciones de ganarle al Frente Amplio. Y dicen ser Wilsonistas. Por favor, son cualquier cosa, menos Wilsonistas. Si Wilson viviera no lo permitiría. Y la realidad de hoy nos dice que la coalición no está sirvendo para nada, no sirvió como gobierno y tampoco está sirviendo hoy como oposición.
Los Wilsonistas en serio no deben reivindicarlo desde la nostalgia. Deben reivindicarlo desde la acción, manteniendo una idea clara, racional, ética y comprometida con los valores que él defendió durante su vida.
Por eso me atrevo a decir que al armar la Coalición se perdió la gracia y ya no tiene sentido tantos homenajes a Wilson.



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