


El camino de regreso: cuando dejar las drogas se convierte en una lucha diaria en la frontera
Opinión17/09/2026
Mario Viola Jiménez
Artigas–Quaraí: detrás del consumo hay personas que intentan recuperar sus vidas.
Hablar de drogas en una zona de frontera suele llevarnos rápidamente a las imágenes del tráfico, los procedimientos policiales, las incautaciones y las personas detenidas.
Pero existe otra historia que muchas veces queda fuera de las noticias.
Es la historia de quien consume.
La de la persona que, en algún momento, deja de controlar el consumo y comienza a perder el control de su propia vida. La del hijo que deja de ser reconocido por sus padres. La de la madre que ya no sabe cómo ayudar. La del trabajador que pierde su empleo. La del joven que comienza a alejarse de sus amigos y de todo aquello que alguna vez le dio sentido.
Y también está la historia de quienes un día dicen:
“Quiero salir.”


Ese momento puede parecer sencillo desde afuera. Pero para quien está atravesando una adicción, decidir abandonar las drogas puede ser apenas el comienzo de una de las luchas más difíciles de su vida.
El primer paso: reconocer que existe un problema
Muchas veces la persona que consume no llega inmediatamente a reconocer que necesita ayuda.
Durante un tiempo puede pensar que tiene el consumo bajo control.
“Cuando quiera, dejo.”
Es una frase que puede repetirse durante meses o incluso años.
Pero mientras tanto, el consumo puede ir ocupando cada vez más espacio: aparecen problemas familiares, dificultades económicas, conflictos laborales, aislamiento y, en algunos casos, problemas con la Justicia o situaciones de violencia.
Hasta que llega un momento en que algo cambia.
Puede ser una conversación con un familiar.
Puede ser la pérdida de un trabajo.
Puede ser una crisis.
Puede ser simplemente despertarse una mañana y comprender que la vida que se
está llevando ya no es la vida que se quiere.
Ese reconocimiento es fundamental.
Pero también es solamente el primer paso.
Dejar de consumir no significa que todo se solucione.
Existe una idea equivocada, pero bastante extendida, de que una persona deja la droga y automáticamente vuelve a ser la que era antes.
La realidad suele ser mucho más compleja.
La recuperación implica reconstruir hábitos, relaciones, responsabilidades y proyectos de vida.
En muchos casos, la persona debe aprender nuevamente a manejar emociones, frustraciones y situaciones cotidianas sin recurrir a una sustancia.
Por eso el tratamiento no debería reducirse simplemente a decirle a alguien:
“No consumas.”
La pregunta más importante es otra:
¿Cómo ayudamos a esa persona a construir una vida en la que no necesite consumir?
La propia Red Nacional de Drogas (Renadro) plantea un abordaje que incluye atención, tratamiento e inserción social, con distintos niveles de respuesta según las necesidades de cada persona.
La recaída no necesariamente significa el final.
Uno de los momentos más difíciles del proceso es la recaída.
Para la familia puede resultar devastadora.
Después de semanas o meses de esfuerzo, volver a consumir puede generar una enorme sensación de fracaso.
“Todo lo que hicimos no sirvió para nada.”
Pero una recaída no necesariamente significa que todo el proceso haya fracasado.
Puede significar que es necesario revisar qué ocurrió, qué factores llevaron nuevamente al consumo y qué herramientas necesita la persona para continuar.
La recuperación no siempre es una línea recta.
Puede tener avances, retrocesos, dudas y momentos de enorme dificultad.
Lo importante es que la recaída no se transforme en una sentencia.
Porque después de una caída también puede existir un nuevo comienzo.
La familia también necesita ayuda
Cuando una persona desarrolla un consumo problemático, no enferma solamente esa persona.
La familia también queda atrapada en una situación para la cual muchas veces no está preparada.
Padres que dejan de dormir tranquilos.
Madres que esperan durante horas el regreso de un hijo.
Hermanos que sienten impotencia.
Parejas que viven entre el amor, el miedo y el cansancio.
Y aparece una pregunta que muchas familias se hacen:
“¿Hasta dónde puedo ayudar sin terminar destruyéndome yo también?”
Por eso los dispositivos de atención no están destinados exclusivamente a quienes consumen. Los servicios de la Renadro también contemplan a familiares y referentes socioafectivos.
Ayudar también significa aprender.
Aprender a acompañar.
Aprender a poner límites.
Aprender cuándo intervenir.
Y, sobre todo, comprender que la familia no puede reemplazar a un equipo profesional.
Artigas: una puerta de entrada a la recuperación
En Artigas existe un Dispositivo Ciudadela, ubicado en Diego Lamas 421, que funciona como espacio de información, asesoramiento, diagnóstico y derivación para personas con consumo problemático, familiares y referentes socioafectivos. La atención está prevista de lunes a viernes de 14:00 a 18:00.
Además, la Red Nacional de Drogas cuenta con diferentes modalidades de atención, incluyendo tratamientos ambulatorios, centros diurnos y centros residenciales.
Entre estos últimos se encuentra CasAbierta, en Artigas, uno de los centros residenciales regionales de la red.
Estos recursos son importantes porque muestran algo fundamental: pedir ayuda no debería ser visto como una señal de debilidad.








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