A Jorge Abreu

Opinión 28 de septiembre de 2023 Por: Prof. Celeste Paiva
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Foto: Clic Regional

Triste noticia para la comunicación, para la cultura y para la comunidad artiguense, murió Jorge Abreu. Comunicador, docente, esmerado estratega, gestor y mediador de procesos comunicativos, paciente, reverente y lúcido. Se pierde una voz afable, bien humorada y una palabra iluminadora que llevaba a profundizar en temas de la cultura. Con la mayor capacidad de crear imaginarios para que la audiencia pudiera conocer realidades alternas, y en el ámbito social, distinguir lo propio de su identidad.
      Llegado a este punto, y una vez señalado lo que tiene de conceptual, en rasgos generales, se hace necesario ejemplificar sobre la consideración de estas peculiaridades. Desde muy joven discurrió por los medios radiales, televisivos y prensa escrita, y desde sus inicios estuvo al servicio de requerimientos humanitarios, educativos y culturales. Lo empujó siempre un viento de proa, y siempre, con la misma cortesía y dignidad. En 1971, la radiodifusión de Artigas recibía al maestro Jorge Abreu, quien sería multifacético comunicador, abierto a todos los sectores sociales con una voz auténtica, que conciliaba la precisión exigida del concepto y su adecuación al estilo de la situación comprometida. 
      El programa “Entre Nosotros” “-compartido con Ana Gérez, su empática esposa y compañera asequible- a pesar de alguna interrupción, permaneció vigente por largos años. Siempre juntos, construyendo información de diversa índole, en los rubros que más interesaban a la audiencia. Con estilo coloquial y risueño, amenizaban las mañanas, las que tenían el sello inconfundible del talento y la buena disposición. De tal manera, transcurrían las mañanas tempraneras, con las palabras apropiadas, traduciendo emociones, enriqueciendo intimidades y contagiando la alegría de vivir. 
     Esta pareja -como todas, sea de la especie que fuere- ha de haber tenido momentos dulces, momentos dolorosos, pero se los veía siempre unidos, serenos y dignos, hasta el punto de que no se puede pensar en uno, sin que se haga presente el otro. Cada uno representaba la fortaleza del otro. De este modo, dirigían las ceremonias y actos culturales en los que solían colaborar, por obra y gracia del espíritu solidario con el que alumbraban las relaciones humanas.  Así transmitían afectuosa y confiada seguridad de que todo saldría bien.      
       El docente, Jorge Abreu, vive en los recuerdos del taller de Comunicación, del Liceo N° 4, cuando sedujo a esos alumnos, a tal punto que solo querían participar de sus aulas. Tuvo la generosidad de invitarme para participar con el editorial del periódico, y compartí, con asombro y alegría, las opiniones de los estudiantes sobre diversos temas. Había creado espacios de oportunidad para superar desventajas, y sus alumnos, niños de 2° año, lograron saltar sobre los obstáculos de la lengua y que adoptaran la forma de expresión periodística destinada a facilitar la comprensión de sus textos, pero sin perder de vista la estética ni la precisión. Los relatos de sus pares, convirtieron en fervientes lectores a los estudiantes, de 1° a 3°, dedicados a leer tanto en el patio como en los pasillos. Pero el profesor, Jorge Abreu, recibía los elogios con la humildad que lo caracterizaba, parecía que lo avergonzaran tantos halagos.
      Desde la presidencia de la comisión directiva del club Zorrilla de San Martín, la cualidad de internarse en el lugar del otro, indujo, a nuestro amigo, a privilegiar las necesidades de naturaleza socioculturales de los socios, pero no solo agitó la actividad cultural del club, sino que aglutinó otras inquietudes, tanto deportivas como lúdicas. En cuanto a la convivencia ciudadana, cada vez que alguna entidad educativa requería el uso, de esas instalaciones, con fines recreativos, había encuentro y comprensión de su parte; extendía los beneficios con la mirada amplia y el corazón rebosante de prudente altruismo. Solía apoyarse en la delicada urdimbre de acuerdos y concesiones, porque tenía la capacidad de entender la circunstancia por la que atravesaba su semejante.  
        Con la sensibilidad en ascuas, reverenciamos las huellas compartidas, porque en situaciones como ésta faltan palabras para entender los destinos humanos.

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