Educación y Cultura.

Opinión20/03/2025Dr. Daniel Volpi AveduttoDr. Daniel Volpi Avedutto
Daniel Volpi
Daniel Volpi

Ayer 19 de Marzo las Escuelas Públicas de todo el país homenajearon a José Pedro Varela por conmemorarse un año más de su nacimiento. Un señor que fue un adelantado para la época, de familia con fortuna, acaudalada económicamente. Su familia podía pagar sus estudios primarios y él desde niño se percató de la gran cantidad de analfabetos que existirían en el país porque había que pagar para aprender a leer y escribir, y eran pocos los que podían acceder a la Escuela Primaria.

  Varela, allá en la segunda mitad del siglo XlX fue el creador de la Escuela Gratuita, Laica y Obligatoria con el apoyo del Presidente de turno, el Cnel. Lorenzo Latorre. Esos principios  aún se encuentran vigentes en el Uruguay. Y aún hoy en todas las aulas de todos los edificios escolares encontramos su retrato junto al retrato del prócer José Artigas. 

  Sin dudas la Educación es la base indispensable para la excelencia de la Libertad y por lo tanto los pueblos sin Educación son los que más sufren el flagelo de su ignorancia. Varela supo decir que la Ignorancia no era un derecho sino un abuso. Cuánta gravitación tuvo su trabajo y su prédica, tan corta pero muy productiva si tenemos en cuenta que falleció con tan sólo 34 años.

  Y la Educación va de la mano con la Cultura. Inspirado en Varela me permito realizar unas reflexiones.
     La Cultura está llamada a cumplir un rol productor y asegurador de valores, conductas y usos sociales propios de un mismo pueblo. En su calidad especial de productoras de energías liberadoras, se explica como suele ser atacada, desdibujada y a su vez, se generan formas de “contra - culturas”, en pos de su desintegración.
    La Cultura Nacional, aquella considerada a través de las formas de organización social y económica, los usos y costumbres sociales, las creencias y los valores imperantes y la creación o expresión artística e intelectual, expresan de manera auténtica el ser nacional.

    El concepto de Nación se construye a partir de un territorio común, una tradición cultural análoga entre sus pobladores, con una estética y un lenguaje común, donde sus componentes cultivan un sentido de pertenencia a una misma comunidad. Entonces, la dimensión cultural constituye una parte fundamental de la idea de nación.
    Esa Cultura Nacional se reafirma, comprende y se preserva, en la medida que exista una verdadera conciencia nacional respecto a su importancia. Mientras tengamos el convencimiento de que la Cultura debe preservarse y se generen las formas de garantizar su evolución y la continuidad de los valores que conlleva, será una herramienta eficaz en la construcción de modelos alternativos de desarrollo autónomo para nuestras sociedades.
    La historia de los pueblos latinoamericanos es la crónica de la destrucción de las culturas autóctonas. Los ejemplos son numerosos donde en distintas épocas y en distintos lugares geográficos, a los pueblos se les ha inducido a adoptar pautas culturales generadas en otras sociedades. Las estrategias de sometimiento suelen dirigir sus esfuerzos a debilitar una conciencia nacional.

    Nuestras jóvenes sociedades fueron campo fértil para los intelectuales europeizados, que bajo la bandera del liberalismo postularon la creación de sistemas parlamentarios, aunque la participación quedó reservada a ciertas clases sociales. Fue así que la participación popular en el poder, tradición consolidada en el artiguismo, excluyó a los gauchos, mestizos, indígenas que pelearon por la independencia, situación que se mantuvo hasta comienzos del siglo XX.

    La defensa de la cultura nacional solo puede realizarse reafirmando la esencia nacional. Asumiendo de manera real el pasado colectivo, los usos y costumbres tradicionales e idiosincrasia de la comunidad que construye nuestro pueblo, todo ello que en última instancia constituye la cultura nacional.
    La Educación la debemos considerar desde dos puntos de vista fundamentales: uno, como correa de transmisión de pautas culturales, y dos, como proceso capaz de liberar las mejores potencialidades humanas y sociales, formador de seres libres y solidarios, consustanciados a través de su reflexión, participación y pensamiento crítico, en la solución de los grandes problemas nacionales. El principio rector de esa forma de entender a la educación es el de la Personalidad. Supone la consideración de las personas como sujetos activos de su tiempo, con capacidad y derecho para influir en su entorno, única garantía de su más plena y libre realización humana.

     Educar viene de “conducir”, de “duchere”, es decir, marcar camino, llevar hacia, conducción en el mejor sentido de la palabra. Educación quiere decir mucho más que la alfabetización y aún que la enseñanza de los valores y que la enseñanza de las destrezas. Hoy día gran parte del destino o futuro del país se va a librar en la escuela pública, que tiene que volver a ser el molde donde se moldee un nuevo país, por supuesto que también en los liceos, la UTU y en las demás formas de enseñanza.

    La Educación es una de las principales herramientas para el desarrollo del hombre, para garantizarle su libertad y dignidad y a partir de ello, impulsar su capacidad y poder de creación en beneficio propio y de la comunidad.

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