¿Por qué hay que ser grosero? Un análisis del destrato moderno

Opinión06/03/2026 Nelson Borges

Hola estimado/a lector/a.

En serio, me pregunto ¿hay necesidad de tratarnos como nos tratamos?
Todos los días intento observar el comportamiento humano en acá y más allá, no dejo de cuestionarme ¿por qué hay que ser grosero? 
Y los hay y las hay. Todos los días veo gente que confunde amabilidad con debilidad.
Es verdad, aun con la presencia de la tecnología que debería conectarnos más que nunca, pareciera que la amabilidad se ha convertido en un lujo olvidado. 
El destrato y la ofensa son fuerza… ¿lo son? O es una imagen clara de mala educación…
Me ha tocado ver, en la diaria, personas que, sin razón aparente, tratan mal a los demás, un conductor que grita por un semáforo, un colega que responde con sarcasmo en una reunión, o directamente habla mal, cuando estamos ante profesionales o un usuario en redes sociales que descarga su frustración en comentarios de mierda. 
Ojo, no hablo de conflictos inevitables, sino de ese destrato gratuito que destroza las relaciones humanas.
Entonces estimado lector,

¿Qué necesidad impulsa esta conducta en nuestra sociedad?


Y hablo de acá, de Artigas.
Creo que es mejor expresarme y ser directo, el destrato no nace de la nada. 
En mi experiencia de vida, he visto a individuos que admiten ser groseros sin "motivo", pero al profundizar, siempre emerge un patrón. 
Vivimos en una era de estrés crónico, donde el ritmo acelerado del trabajo, las presiones económicas y la pandemia han dejado huellas profundas. 
En Uruguay, por ejemplo, con el aumento del desempleo y la inflación post-COVID, muchas personas cargan con una carga emocional que no saben manejar.
Y no, no la pueden manejar.
En lugar de buscar apoyo, proyectan su malestar en el otro…el mesero que "no atiende rápido" se convierte en el chivo expiatorio de un día de mierda bañado de frustración.

¿Por qué? 

Porque la grosería ofrece una liberación inmediata, un falso sentido de control…Pero, sé que esto es una ilusión, como los de Baumeister sobre el autocontrol, muestran que el estrés agota nuestra reserva de empatía, haciendo que respondamos con impulsos primitivos en lugar de reflexión.
Esto se agrava en sociedades como la nuestra, donde el individualismo crece, apoyado por su hermano, el consumismo y la gran presencia de las redes, que constantemente rompen el tejido social.
¿Por qué ser amable cuando el éxito se mide en "likes" y no en conexiones genuinas? 
Lo que tenemos,una cultura donde el destrato se viraliza, y la amabilidad parece debilidad.
No olvidemos el rol de la crianza y la educación. Que parece estar flaqueando…sobre todo en gente educada…que paradoja.
Y para terminar, una pequeña pregunta ¿qué ganamos con el destrato? Nada, salvo aislamiento, y que de vez en cuando alguien nos mande a lugares…

Abrazo
Nelson

Borges1
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