¿Qué mejor homenaje a la mujer?

Opinión 07 de marzo de 2024 Prof. Celeste Paiva
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Que recorrer ese universo femenino recreado en la literatura. En los relatos de Eduardo Galeano, pertenecientes a su antología, Mujeres, ellas son rebeldes, determinadas y persistentes, ya sea en la lucha por una causa, como Rigoberta Menchú o Rosa Luxemburgo; por su belleza como Marilyn Monroe o por su talento, Frida Kalho. Mujeres anónimas como las prostitutas que se negaron a atender a los soldados que habían reprimido a los obreros, en la Patagonia argentina; o míticas como Shahrazad, de Las mil y una noches, que salva su vida narrando cuentos al rey, su esposo. En todas ellas, y a manera de ejemplo, se celebra el estoicismo de las que no se rinden. 
           En los cuentos de Andrea Camilleri, publicados en su libro Mujeres, el  nonagenario siciliano, rinde culto a la belleza, a la feminidad, a la fortaleza y a la sensualidad de todo el género femenino. Desde: Helena de Troya, Nefertiti, Juana de Arco, Venus, Teodora de Bizancio, hasta las otras de carne y hueso, reales o imaginadas. Universaliza, en todas ellas, a todas nosotras, y nos rinde homenaje en un momento en el que ha sido preciso aprobar una ley contra el feminicidio, o femicidio. (2013, en Italia) Son 39 historias, unas más verosímiles, otras muy fantasiosas, todas en un universo marcado por la belleza, la fascinación y un ferviente deseo de autonomía.
          Recordamos a aquellas que osaron ser libres y rebeldes, tanto en el arte como en la literatura: Carmen de Bizet, Antígona de Sófocles, Nora de Ibsen, Lulú de Widekind; y en la vida real: Hipatia de Alejandría, la primera mujer matemática, sor Juana Inés de la Cruz,  tan solo por nombrar algunos ejemplos.
Además de un sincero homenaje a las mujeres, a su coraje, a su generosidad, y su particular manera de entender el mundo, los relatos que conforman este libro, destacan la singular visión del universo femenino. 
.         En contra partida a esta percepción, las Novelas Ejemplares de Cervantes revelan otra concepción. En el siglo XVII, la mujer aparece como objeto deseado, a veces dentro de las reglas de los sentimientos más elevados, pero otras, es tratada como un objeto de deseo agresivo y sexual, o marca su identidad como la de una mujer que tiene limitada su autonomía a los intereses familiares, hijos, padres o esposo. Aunque, en cada caso, hay una sutil evolución de distintas posibilidades en contienda con la sumisión necesaria de la mujer, dentro del sistema básicamente patriarcal, conservador y aristócrata. Es decir, Cervantes les concede a las mujeres una libertad y voluntad porque está de acuerdo con el argumento novelesco, pero que fracasa cuando al final se impone una ley que va más allá de la voluntad individual. 
          Un ejemplo de lo expuesto es Preciosa, protagonista de la novela La gitanilla, que en realidad no era gitana, aunque sí era una mujer autónoma y desafiante, pero que, cuando regresa al ámbito de la familia, verdadera, tiene que rendirse hasta casi desaparecer. Constanza, que así se llamaba, adopta la condición de mujer como posesión familiar, conforme a las normas de la sociedad y a las reglas de la capa social aristocrática.
           El siglo XX, avanzó en la construcción de los roles femeninos, ha sido el siglo de la apertura, de la política, de la liberación, pero además, de la confusión. Entre aciertos y errores provocó una actitud discriminatoria hacia las mujeres. La reacción misógina había sido influenciada por el Art Nouveau, de finales del siglo XIX y comienzos del XX, coincidiendo con la filosofía nietzscheana, y las diversas corrientes esteticistas. Pero en el siglo XX, la mujer nueva es rechazada como a un nuevo estereotipo femenino, vinculado a la imagen de una mujer ominosa y exagerada del mal. En la representación artística de la mujer fatal se buscaba estigmatizar y someter a la mujer, en una época en que se independizaba del hombre, y luchaba por sus derechos civiles. En ese entonces, la aversión se dirimía en el campo de la imagen y de las palabras. 

¿Y las mujeres del Siglo XXI? 

Éstas son muy distintas de sus antecesoras, y no porque algo genético haya cambiado, sino porque sus hábitos e ideas se han ido modificando. Ya no se identifican necesariamente con las “amas de casa” y, de hecho, cada vez son más las profesionales que se abren su camino en el mundo laboral. Privilegian su vida profesional, el propio bienestar económico y su libertad, renunciando, o postergando, la búsqueda del hijo.
       Si bien, no en todos los casos hay una renuncia consciente a la maternidad, las mujeres depositan en los avances tecnológicos, de las ciencias médicas, la posibilidad de extender su ciclo de fertilidad, permitiéndose, en el presente, poner toda su energía en su profesión, en mantener un cuerpo atractivo y joven, en diagramar viajes de placer, y en sus mascotas. 
        La mujer del siglo XXI es una mujer dueña de sí misma, que pretende un desarrollo de carrera y prioriza su propio bienestar económico. Llegado a este punto, nos preguntamos si la misoginia destructiva, y en algunos casos monstruosa, será motivada por el miedo a esta mujer nueva, que incita al feminicidio.        

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