UNI 3 atraviesa el territorio oscuro del duelo

Opinión11/01/2024 Prof. Celeste Paiva
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Nunca estamos preparados para enfrentar las pérdidas y, aunque quebrados, necesitamos atravesar el proceso. Sin entrar a disquisiciones filosóficas, sabemos que el ser humano necesita que la realidad en que se inserta tenga un sentido.  Cuando irrumpe la Parca, los lazos invisibles que nos unían a aquellas personas se hacen visibles y fuertes. En eso pensaba, cuando recordé a Élida (Mima) Bentancourt, a Margarita Grondona y a María del Carmen (Camucha) Murillo, quienes partieran entre diciembre, del 2023, y los primeros días de enero del 2024. 

     Mima fue vicepresidenta, años atrás, y ASC del taller de Tejido y Crochet que compartía con otra compañera. Camucha, además de fundadora de UNI 3 Artigas, al comienzo de la vida institucional integró la comisión directiva en reiteradas oportunidades. 

       Cada perfil tiene una singularidad característica que, en cuanto a Mima, a pesar  del trato esporádico que mantuvimos me quedó su mansedumbre, su modo de convocar al sentido común, y la mirada siempre acomodando la sonrisa de una ternura sin parangón. 

       A Camucha la conocía de tiempo atrás, aunque intimamos en la sala de espera del consultorio odontológico del Dr. Fulvio Polto. Largas, inacabadas confidencias que enriquecían cada tarde de mi vida. En ese tiempo, yo tenía 22 años y me iniciaba como ama de casa, cocinera incipiente y embarazada de mi primer hijo, así que los temas fluctuaban entre puericultura y gastronomía. Sin embargo, lo más aleccionador que recibí de su parte estuvo relacionado con mi preocupación por la situación, políticamente comprometida, de una amiga muy querida. Aunque me sentía muy apenada, juzgaba desde una perspectiva bastante radical, entonces ella, con los ojos vivaces y la mirada desafiante, me reprendió de la forma más convincente y acertada. Me dijo que, cuando esa fuerza transgresora está al servicio de los ideales, no nos corresponde examinar la conducta de quienes actúan de acuerdo con lo que piensan. Que me proponía no hablar sobre lo que no supiera ni sobre lo que creía saber, o lo que otros me hubieran dicho. Después, me contó sobre su propia experiencia con el hermano que seguía un propósito similar al de mi amiga. No me ofrecía un discurso sofístico, sino una genuina lección de vida. En los encuentros amistosos, muy segura de sí, sin herir ni agraviar, reconocía las diferencias y, sin entrar en remolino de discordias, callaba por prudencia, pero se arrogaba el derecho a pensar con independencia de formulismos tradicionales. 

          Años más tarde, nos aproximó la relación de buena vecindad. En este tiempo tuve la oportunidad de conocer otra arista de su personalidad, la de su corazón compasivo. Cuando nos veíamos, nuestras charlas giraban en torno a diversos temas, pero en ocasiones, se centraban en los gatos que vagabundeaban sobre los techos. Eran animales sin dueño que recibían, cada día, la comida que Camucha les dejaba en la terraza. Cuando se perdió mi gato, ella se preocupó y me mantenía al tanto de los que visitaban su comedor. Cuando lo recuperé, ella fue una de las primeras personas a quien se lo comuniqué.   

          Mujer de una sola palabra, de una lealtad cristalina, y de un imprescindible amor a la vida. Refinada y culta, asistía al Taller Literario de UNI 3, con la Profa. Teresa Escanellas, donde mantenía una participación entusiasta y activa, nunca dejaba de  recurrir a internet para aportar material pertinente. En son de broma, la profesora la había declarado merecedora de portar la bandera con que se premia el buen rendimiento de los estudiantes. 

         Era una alegría reencontrarla en cada té que, mensualmente, se organizaba en la institución. Pensarla, siempre, será evocar su sonrisa afectuosa y la expresión desbordante de simpatía. La edad había doblegado su espalda, pero no su entereza espiritual, asistida por la razón y los afectos.  Tendremos que reacomodarnos al nuevo escenario donde ya ella no estará más.      

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