
“La inmadurez emocional es hermana del ego”

Querido lector…
Hoy vamos a sumergirnos en las emociones humanas.
Y vamos a hablar de la inmadurez emocional…
Es inevitable, no puedo evitar hablar sobre ella, sobre todo cuando es una cuestión de moda, a la cual todos los pseudo psicólogos de calle, o
sea nosotros, hacemos referencia constantemente.
La inmadurez emocional, sorprendentemente, está presente en muchos de nosotros, los adultos.
En la vida, esta compleja, compleja vida actual, muchas veces vemos como el hermano menor de la inmadurez, el egoísmo, planifica un
“junte”.
Lo raro, lo extraño y morbosamente fascinante es, que de ese “junte” se crean y afirman ideas en las personas, que afectan realmente nuestra vida, de forma constante y sonante, mientras no sean trabajados desde lo personal y abordados desde la madurez.
He leído, por alguna página de dudosa procedencia, que algún aspecto de nuestra emocionalidad, sigue siendo un niño caprichoso, exigiendo atención y gratificación instantánea.
¿NO?
Esto, a menudo, se manifiesta a través de actitudes egoístas, donde nuestras propias necesidades y deseos ponen a la sombra a los demás, incluso a quien convive en nuestro día a día.
Estos hermanos, la inmadurez emocional y el egoísmo parecen formar un equipo fuerte.
Entonces, nos aferramos a nuestras visión y a lo que consideramos nuestra necesidad, olvidando obviamente que vivimos en un mundo compartido con otros seres que también luchan y viven sus propias batallas emocionales.
Como un consejo de quien no es nadie para dar consejos, tal vez deberíamos reconocer que la madurez emocional implica la capacidad de comprender y administrar mejor nuestras emociones, reacciones y cultivar la empatía hacia los demás.
Muy difícil ¿No?
La realidad, nuestra realidad, nos muestra muchos adultos manifestando abiertamente en las redes sociales que aún no han dominado esta habilidad.
Y, vemos cómo el egoísmo se manifiesta en reacciones impulsivas, faltas de consideración, y respeto, y una lucha constante por la gratificación inmediata.
Creo, a título personal, que es esencial cuestionarnos y enfrentar nuestro egoísmo, con la búsqueda del sano equilibrio de, sí, satisfacer nuestras necesidades propias y contribuir con el otro/a.
Llegar a la madurez emocional enriquece nuestras vidas personales, y las relaciones.
Para terminar, estimados lectores, los invito a la reflexión sobre cómo nuestras emociones, aún inmaduras, pueden influir en nuestras decisiones diarias.
Si lo logramos, y la reconocemos, se termina el “junte”, y podemos aspirar a ser valiosos para construir una sociedad más comprensiva, solidaria y plena para todos.
P.D para nadie: El berrinche en las redes sociales no soluciona los problemas, solo le añade condimento.
Nelson





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